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LA CARICIA DEL AMOR

(LOVE’S CARESS)

Descargo:

1. Derechos de autor:  Son mis personajes.  Todos los derechos reservados ©2005.  Envíen sus comentarios a: JLNickymaster@aol.com

2. Violencia:  maybe

3. Contenido Sexual:  Sí.  Esta es la Tercera Parte y es la escena del encuentro.

4. Agadecimientos Especiales:  Empecé a escribir esto en el 2003-4... Espero ser una mejor escritora ahora y haber “capturado” todas las horribles técnicas de escritura de aquellos tiempos.  Pero si no...culpen a la beta.  ¡¡¡SÍ!!!!  Me gusta eso.  Jejeje.

5. Malas Palabras: No

CAPÍTULO 3

Subtilulado: El Apartamento

El cartel de anuncios estaba lleno de pedidos escritos a mano de gente que necesitaba, quería o vendía cosas. Kate examinó el caos. “Máquina de escribir a la venta”, “Libros en venta” y “Palos de golf en venta”. Sus cejas rubio ceniza se arquearon en divertido asombro. Volveré por ese anuncio cuando me sobre un cuarto pensó riendo. Un esbelto dedo seguía el movimiento de sus ojos mientras leía los diferentes mensajes. El dedo se detuvo encima de una tarjeta índice mecanografiada que decía “Apartamento para TI”. La única información en la tarjeta era un rango de precios y un número de teléfono, que Kate copió. Dándose vuelta y atisbando un teléfono público cerca, empujó un mechón descarriado de pelo rubio detrás de su oreja e hizo la llamada. Contestaron el teléfono después del segundo timbrazo. Una voz de mujer respondió con un: ¿Hola?

Hola, ¿llamo por el apartamento para mi? ¿Todavía está disponible?

La respuesta fue una divertida risilla ahogada. ¾Oh sí. Técnicamente no es un apartamento entero. Es un dormitorio con un baño. Compartirás con una compañera de vivienda.

Kate miró fijamente el rango de precios que había copiado del aviso y se encongió de hombros mentalmente.

¾También está bien. ¿Quién es la otra inquilina? ¾improvisó, insinuándose en el cuadro.

Otra suave risa ahogada. ¾¡La otra inquilina soy yo! Mi nombre es Sheri Taylor. Soy estudiante a tiempo completo en la Universidad. Estudio terapia física ¾hubo una pausa. Kate llenó rápidamente el vacío.

¾¡Yo también soy estudiante! Perdón. Mi nombre es Kate Shefield. Estaré estudiando para mi doctorado. ¡Soy extremadamente tranquila y leo mucho! ¾sonrió, empujando al frente sus mejores cualidades como compañera de habitación.

¾Es un placer, estoy segura, Kate. Encontrémonos y veamos si todavía estás interesada. ¿Cuándo puedes pasar por aquí?

Acordaron una hora para encontrarse.

Manejando hacia su reunión, Kate se detuvo frente a una verja donde había un guardia apostado. Le dieron permiso de entrar y el guardia abró el portal. Siguió por un camino corto y ventoso y se detuvo afuera de un agradable condomino de ladrillo de dos pisos que miraba a un pequeño tributario artificial que fluía detrás de la casa. Era hermoso.

Recorrió brevemete con la mirada algunos postigones de madera separados ampliamente, que cubrían las ventanas del piso de abajo y después golpeó la puerta con el llamador.

Una mujer respondió en pocos minutos.  Kate tomo un breve momento para estudiar el sari que envolvía el cuerpo de la mujer.  Flores azules sobre un fondo crema. En contraste, su cabello oscuro, estaba recogido en una cola de caballo.  Kate conectó la voz del teléfono con la persona frente a ella y saludó con una sonrisa.

—¿Kate? ¾preguntó Sheri, tomando un momento para echar un vistazo a la pequeña mujer cuyo cabello rubio revoloteaba con la brisa.  Sus jeans y camisa verde con botones, no tenían ninguna arruga.  Es muy bonita.  Sheri reconoció inmediatamente para sí misma.  Cuando sus propios ojos azules encontraron los verdes sonrientes, se encontró tomando un profundo aliento de sorpresa. Largas pestañas enmarcaban las profundidades esmeralda.  Chispas de oro se veían flotando dentro de ellos.  Sheri sintió que un momento de dejà vu la golpeaba.  Sintiendo crecer la tensión entre ellas, se arrancó de la mirada fija.

Kate había sentido el peso de ese azul descender sobre ella.  Los ojos de cobalto reflejaban tal profundidad que tuvo que suprimir un temblor de inquietud.  Un instante de un recuerdo titiló en su mente y de nuevo desapareció.

Sheri extendió su mano.  Kate rompió su trance y la aceptó.  Sostuvieron sus manos sin moverse.  Sheri la apretó gentilmente y sintió un saludo en respuesta.  Soltó a la pequeña mujer y se alejo un poco.  Su mirada era irresistiblemente atraída a la maravillosa cara en frente de ella.  Indicando con la mano hacia las profundidades de la casa, indico a Kate que entrara.

Kate entró al vestíbulo.  Para que pudiera verse, directamente en frente había una gran sala a desnivel.  Una gran ventana de vidrio dejaba ver el patio trasero, el sol brillando, el rió corriendo gentilmente.  Mirando a su alrededor, Kate notó una decidida falta de color en el cuarto.  Los azules frescos y grises eran algo distantes para sus sentidos.

Sheri rió al ver a Kate frunciendo levemente el ceño.

—No soy yo, lo juro.  Este lugar pertenece a uno de mis hermanos.  Es un abogado, en caso de que aún no lo hayas adivinado.  —Rió entre dientes al notar que el rostro de Kate dejaba de fruncirse.  Le explicó que el piso de abajo era de él.  Todo los muebles, todo, ya estaba allí desde antes de que ella se mudara.

—Dejó la parte alta de la casa para mí.

Kate siguió a Sheri por un pasillo corto que conducía a una cocina cómoda y a un comedor. Al fondo del comedor, unos escalones empinados de acero se elevaban al segundo piso.

La cocina mostraba mínimos signos de uso, pero la cafetera tenía café.  Kate miró a su alrededor apreciando el lugar bien iluminado.

Sheri comenzó a subir la escalera e indicó a Kate que la siguiera

Arriba, Kate entró a otra sala un poco más chica que la de abajo.  El ambiente era mucho más casual. Contra la pared del fondo había una chimenea y un par de sillas reclinables. Eentre ellas reposaba la mesa de café.  Una gruesa alfombra marrón cubría el piso.  En una esquina del cuarto, al lado de una lámpara de piso había una silla bean bag. El manto de la chimenea y varias mesas tenían cosillas y piedras brillantes. Dispersos por todos lados había varios cojines color borgoña. 

—Esto es grandioso.  ¿Quien lo decoró?  ¾preguntó Kate con ojos bien abiertos de placer.

—Solo son cosas que encontré aquí y allá.  Cada vez que paso por una venta de garage encuentro cosas interesantes que comprar. 

—Esta sería tu área.  La mía está allá —señaló otra puerta al otro lado del cuarto.

Kate dio un vistazo adentro, encontrándose con un cuarto mediano con una cama matrimonial.  Una puerta a la derecha dejaba ver un pequeño baño con ducha y lavabo.  Investigó el guardarropa, que estaba abierto, y miró por una ventana chica junto de la cama.  Era suficientemente espacioso y cabria un escritorio chico si escogía uno.

Sheri esperaba de pie cuando salió Kate.  Estirando su mano, tomó la de Kate y la jaló hacia la puerta corrediza de vidrio que había tras una sección cubierta por una cortina.

—Esta es la pièce de résistence (el plato principal),  —exclamó mientras jalaba a Kate por la entrada.  Salieron a una cubierta superior de madera cubierta con entramados.  La sensación de estar en un bungalow las rodeó.  Sheri la jaló hacia afuera y le dio vuelta para que viera una vista en particular.  Kate sonrió.

Un Jacuzzi de gran tamaño reposaba sobre la cubierta de madera, burbujeando alegremente.  El vapor del agua caliente subía empañando las cosas.  Kate se volvió y dirigió una gran sonrisa a Sheri, volviéndose de nuevo hacia el Jacuzzi. 

—¿Dónde firmo?

Sheri se rió y acercó un par de reposeras.  El sol empezaba a descender, pero el cielo aún tenía luz.  Podían oír el sonido de los grillos empezando su canto nocturno.

—Toma asiento. Regreso enseguida  —Sheri desapareció adentro y Kate se sentó a disfrutar la luz menguante del atardecer.  El sol estaba detrás unas montañas cercanas y la colección de colores fluctuaba de morados profundos a naranjas brillantes.  Kate contuvo la respiración al ver esa belleza. 

Sheri regresó con una bandeja con dos tazas de café y algunas galletas.  Un cuaderno pequeño reposaba sobre la bandeja.  Kate se tensó ligeramente. 

—Toma un café.  No te pondré una prueba.  Dame un minuto para decirte las reglas de la casa así puedes tomar tu decisión.  —Kate aceptó con una movimiento de la cabeza.

Sheri ojeó algunas páginas y se acomodó en su silla.          

—No puedo permitir mascotas.  El alquiler se paga el 3 de cada mes.  Si lo rompes, por ejemplo ventanas, paredes, puertas, tú pagas la reparación.  Necesitaremos compartir costos de comida así que cada dos semanas podemos ir de compras juntas o darnos una a la otra una lista de necesidades si va la otra.  —Hizo una pausa para observar la reacción de Kate—.  Gasto como $100 dólares cada dos semanas pero como afuera muchas veces.  Casi no cocino.  Podemos hacer algún arreglo con respecto a esta diferencia si quieres.  Soy flexible.  —Kate asintió con la cabeza.  Hasta el momento nada fuera de lo ordinario.

—No tengas la música demasiado fuerte, a menos que te pida que le subas  — sonrió Sheri¾.  Kate le devolvió la sonrisa.

—Normalmente estudio cuando estoy aquí así que… ten eso en mente  — explicó Sheri amablemente.

— Tampoco permito el Rap.  Me pone los nervios de punta.  —Kate se rió entre dientes.  Sheri sonrió de costado¾.  Básicamente sé limpia.  Dividimos los gastos de las utilidades, electricidad, etc.  Tendrás que pagar tus propias llamadas de larga distancia.  Nada de fiestas  —hizo una pausa y alzó la mirada—, ¡a menos que yo esté invitada!  —Sonrió a Kate.  Kate se encogió levemente de hombros.

—En realidad estaré demasiado ocupada este semestre. “Nada de fiestas” está bien.

Sheri asintió con la cabeza.

—Por último.  No se permite que se queden a dormir novios o amigas.  Ambas tenemos que vivir aquí y ya he tenido problemas con una compañera anterior.  —Sheri observó a Kate interrogativamente.

Kate sonrojó un poco y se encogió de hombros.

—¡Nadie por el momento!  —logró responder simplemente.  Sheri volvió a mirar su cuaderno.

— ¿Tienes preguntas o pedidos para hacerme?  Soy bastante razonable. —Kate miró a Sheri asintiendo lentamente con la cabeza.  La ceja oscura de Sheri se levantó.

—¿Puedo usar el Jacuzzi?  ¾preguntó Kate con voz nerviosa.  Sheri rió tan fuerte que sintió que le salían lágrimas. Sonrió abiertamente moviendo la cabeza en gesto afirmativo.

—Nos vamos a llevar muy bien, Kate Shefield.  ¿Cuándo quieres mudarte?

Hicieron los arreglos y Kate se fue para regresar al hotel donde se estaba quedando.  Cayó en la cama con pensamientos placenteros de cosas en su lista “para hacer”.  Mañana no llegaría suficientemente rápido.

 

CAPITULO 4

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