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LA CARICIA DEL AMOR (Love’s caress)
Descargo: 1. Derechos de autor: Son mis personajes. Todos los derechos reservados © 2005. Envíen sus comentarios a: JLNickymaster@aol.com 2. Violencia: Some3. Contenido Sexual: Si. Esta es la Segunda Parte y es una reflección sobre la niñez de uno de los personajes principales y cómo perdió su virginidad por un asalto. 4. Agaradecimientos Especiales: Empecé a escribir esto en el 2003-4... Espero ser una mejor escritora ahora y haber “capturado” todas horribles técnicas de escritura de aquellos tiempos. Pero si no...culpen a la beta. ¡¡¡SÍ!!!! Me gusta eso. Jejeje. 5. Malas Palabras: No Traducido por Saphic_Nebulae: Saphic_Nebulae@sympatico.ca Capítulo 2 Subtitulado: Kate Kate nació entre las carreras ocupadas de sus padres. El inesperado embarazo y eventualmente el nacimiento de una hija, fueron incorporados dentro del gran esquema de las cosas y se encargaron de eso sin perder su ritmo. Profesionalmente, sus padres eran muy exitosos. Como padres, inmediatamente entregaron la niña al cuidado de una niñera. Habiendo producido el fruto, dejaron la niñera con fondos para que la puliera. Por intermedio de su agente de bolsa, compraron una casa en un distrito provincial e instalaron a Kate y a su niñera allí. La elegante casa de dos pisos y seis recámaras se convirtió en el lugar de sus correteos durante su infancia. Sus padres intercalaban visitas a ver a su prole entre sus extensos viajes, otorgándole regalos y lujos a cambio de tiempo. Eventualmente, dejaban una criatura agotada preguntándose si regresarían. Aunque la querían, la descuidaban y empezó a sentir que le faltaba algo. A la tierna edad de cinco anos, Kate entró a una academia privada para niñas. Empezó el proceso de aprendizaje. Sacada de la soledad de ser hija única, absorbió el ambiente estricto incondicionalmente. Empezó a hacer algunas amigas. Empezó a jugar con otras. Eso llenó parte del abandono en su vida, un manantial de placer que ni sabia que le hacia falta. Empezó a sobresalir en su tarea. Avanzó y se presionó para poder demostrar a sus padres su valor. En la escuela la consideraban una manzana caída del excepcional árbol de los padres. Sus padres rogaban que los perdonara por no poder atender las celebraciones de sus cumpleaños. Empezaron a mandarle los cheques de cumpleaños directamente a ella, en lugar de a su niñera. Kate ignoró la depresión y siguió adelante. Se esperaba e incitaba a que los niños bajo tutela compitieran. Kate parecía dejar atrás a sus compañeros fácilmente. En sus cartas, la escuela hacía referencia a un entrenamiento avanzado, más allá de su capacidad, y súbitamente Kate fue retirada de allí y reestablecida entre una escuela de pupilos para niñas pre adolescentes. La escuela tenía el más alto nivel de éxito académico que ninguna otra. Sin preguntas, Kate se acomodó a su nuevo ambiente y aprendió las nuevas reglas para poder ascender. Progreso rápidamente y desarrolló nuevos intereses en su mundo académico. Las artes, historia y música que se agregaron, las adaptó a su sobresaliente mundo de aritmética, ciencias, literatura y deportes. Invariablemente al crecer intelectualmente con el tiempo, también creció físicamente. Su cuerpo se desarrolló rápidamente. Empezó su menstruación a los once años. Sus pechos crecieron. Sobresalía entre sus compañeras como una mujer menuda y hermosa. Como era más pequeña de estatura que las otras, con cabello rubio y facciones pálidas, muchas creían que era más joven. Ella apenas lo notaba. Aceptó sus cambios sin hacer aspavientos. Durante su último año en la academia de jovencitas, tuvieron un mini baile de promoción. Los chicos fueron el tema de discusión durante toda la semana ¡Y se discutieron muchísimo! Kate sintió una curiosidad que crecía y que no podía ser detenida. Su solitario mundo de chicas transformó su interés en chicos de algo sano a algo obsesivo. Se las ingenió para convencer a algunas de las chicas para escaparse e ir al instituto cercano para chicos. El baile tenía a varias de las chicas muy ansiosas y algunas estaban preparadas para ver el “futuro” de su llamado. Esa noche Kate conoció a Sean. Sean era un chico súper, cuyos padres habían hecho fortuna con inversiones. Tenía diecisies años y hacía que Kate sintiera cosas por dentro. Con una mirada, quedó totalmente prendada. Sus ojos verdes buscaban los marrones de él y se fijaban como si fueran inseparables. Las palabras de él eran suaves y directas. Le dijo que ella le gustaba. Ella estaba asombrada. Finalmente se sentía la número uno para alguien más. Sus doce años de vida no tenían cimientos para tal afecto. Actuaba torpemente en su necesidad y ansiaba desesperadamente su atención. Volvieron a encontrarse en el baile y Sean le rogó que le diera una oportunidad. Esa noche la besó. De ahí en adelante, ella se volvió una chica atolondrada. Su programa académico pasó a segundo lugar y comenzó a tomar grandes riesgos, encontrándose con él una y ora vez. Llevaba una doble vida: día versus noche. Una vez que estableció la rutina y Kate había mordido el anzuelo, Sean comenzó a tirar del hilo. Llenaba el vacío que Kate tenía dentro con promesas de amor eterno y constante. Ella había estado tan sedienta de amor durante su vida, que no quiso investigar el significado de las manos que la tanteaban ni de su toque, que era cada vez más atrevido. Caricias y largos besos despertaron sus hormonas y las hicieron participar en la lucha. Perdió su virginidad en el dormitorio del colegio de él una noche. En su fiebre de amor, dio todo, imbuída por su profundo deseo de ser amada. Sean tomó lo que quería y lo disfrutó inmensamente. Él la convenció de experimentar. La guió por un resbaladizo camino descendente de desviación sexual, explorando métodos alternativos para satisfacer su apetito cada vez más retorcido. Y ella lo dejó, quería que él tuviera lo quería. Él tomó su cuerpo de doce años y lo modeló a sus caprichos. Probaron diferentes posiciones, él sacó a relucir juguetes sexuales; unas veces la ató. Su apetito crecía a medida que se acercaba la graduación. Cuando ella se graduara iría a una escuela privada más cerca de su cuidad. Temía la finalidad de su eventual separación. Sean sabía eso y lo aprovechó para todo lo que podía obtener. Él pronto cumpliría los diecisiete y dejaría el estado al graduarse. Su pequeño juguete no volvería a verlo jamás. Le pidió a Kate una última noche. Ella lloró al escuchar su tono arrepentido. Se abrazaron e hicieron planes. La noche antes de la ceremonia de graduación de las niñas ella se escapó de su dormitorio. Dejó apartados su birrete y capa para poder encontrarlos fácilmente. Estaba eléctrica de entusiasmo y transfirió esos sentimiento a una necesidad por Sean. Cuando llegó, Sean parecía listo para devorarla. Se retiró de su abrazo y le hizo una seña con la cabeza indicándole la cama. Kate vio las cuerdas atadas en las esquinas y reconoció la familiar disposición de las mismas. Él le puso cuidadosamente una venda sobre los ojos. Ella se sometió a su voluntad y extendió su cuerpo buscando sus caricias. Las caricias nunca llegaron. Un golpe en la puerta la dejó congelada. Susurró el nombre de Sean, pero no escuchó nada. De repente empujaron algo dentro de su boca. Las horas siguientes se transformaron en una pesadilla. Sean y otros dos, pensó Kate, empezaron a destrozar su vida mientras hacían lo que querían con ella. Gritó, solo para que su grito quedara amortiguado por la mordaza. Apretó sus manos en las ataduras hasta que se hizo sangrar clavándose las uñas en la piel. Nada detuvo el asalto múltiple ni los gruñidos de placer animal que escuchaba. Ni siquiera pudo bloquear los gritos de aliento y ovaciones que se hacían entre ellos. Perdió el sentido a causa del miedo y el dolor. Cuando despertó estaba tendida afuera de la academia para chicas, contra un edificio de ladrillos. Estaba totalmente vestida y le dolía todo su cuerpo. La brisa nocturna helaba su piel mientras se las arreglaba para volver avanzando lentamente a su habitación en los dormitorios. Permaneció despierta en su litera, herida, confundida y temblando. Debió haberse quedado dormida, sólo para despertar a su día de graduación. A través del cuadrángulo, las campanas tañían alegremente y cuarenta y nueve chicas felices conversaban y gritaban en su camino a la graduación. Ella luchó contra sus demonios internos y se las arregló para limpiarse, vestirse y llegar al desayuno a picotear de un plato de fruta. Pasó el día atontada, desvaneciéndose cada vez más dentro de sí misma a medida que pasaban las horas. Buscaba alguien que reconociera la agonía que le habían inflingido, pero nadie le habló. La ceremonia comenzó; recorrió el camino de aceptar un diploma, que repetiría más de una vez a lo largo de su vida. Sus padres la llamaron para felicitarla. Eventualmente se retiró de la celebración temprano en la tarde para llorar hasta quedarse dormida. Se tomó libre el mes siguiente, alegando que necesitaba recuperarse de los exámenes finales. Sus padres la autorizaron y regresó a la casa de su infancia para estar sola. Nunca volvió a ver a Sean. Nunca mencionó a nadie el horror abusivo por el que había pasado. Siguió adelante en la escuela secundaria y recibió una beca para estudiar ciencias en la Universidad de Sacramento. Pasó cuatro años en el 10% mejor de su clase, para recibir su grado en biología, graduándose a los veintitrés años. Sus padres no podrían haber estado más orgullosos. Movieron algunas cuerdas para conseguir que entrara a la UCLA (University of California Los Angeles) para comenzar a estudiar para su maestría. Llegó a Los Angeles una semana antes de que empezaran las clases para buscar un apartamento. |