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LA CARICIA DEL AMOR

(LOVE’S CARESS)

 

Descargo:

1. Derechos de autor:  Son mis personajes.  Todos los derechos reservados ©2005.  Envíen sus comentarios a: JLNickymaster@aol.com

2. Violencia:  Ninguna

Contenido Sexual:  Sí.  Esta es la Primera Parte y es una reflección sobre la niñez de uno de los personajes principales y cómo perdió su virginidad.

4. Agadecimientos Especiales:  Empecé a escribir esto en el 2003-4... Espero ser una mejor escritora ahora y haber “capturado” todas las horribles técnicas de escritura de aquellos tiempos.  Pero si no...culpen a la beta.  ¡¡¡SÍ!!!!  Me gusta eso.  Jejeje.

5. Malas Palabras: No

 

Traducido al Español por Saphic Nebulae Saphic_Nebulae@sympatico.ca

CAPITULO 1

Subtitulo:  Sheri

Al ser la única niña entre cinco hijos, Sheri se vio forzada a aprender las cosas de niñas por sí misma.  Aunque su madre estaba allí para darle información, no siempre se sentía satisfecha con las respuestas.

¿Por qué tenemos que sentarnos para ir al excusado?  Porque las mujeres no son físicamente igual que los hombres, querida.  ¿Por qué los niños se pueden quitar sus camisas afuera y las niñas no?  Porque así son las reglas querida.  Cuando seas mayor comprenderás.

Sus cuatro hermanos mayores eran de ayuda sólo hasta cierto grado, que Sheri decidió, quedaba en la región más fría del termómetro.  Descubrió que eran completamente ignorantes sobre temas femeninos y eso la frustraba.  Entonces, siguiendo con la tradición familiar, se sentó e hizo una lista.  Como sólo tenia cuatro años en ese entonces, sus argumentos mentales parecían un poco dispersos y sesgados, sin embargo, eran importantes para el modo de pensar de una niña de esa edad. Sus garabatos con crayolas se parecían a algunas letras, pero la lista sólo era legible para ella.  Usó azul para el lado de los niños y rosa para el lado se las niñas.  Una línea negra dividía el papel a la mitad.  Cuando terminó, lo llevó a la mesa de cenar y lo puso al lado de su plato.  Una vez que empezó la cena y se repartió la comida, preguntó a su madre si podía hacer un anuncio.  Su madre pidió que hicieran silencio y miró a su hija de cuatro años con una sonrisa indulgente. 

Sheri agradeció a su madre y se arrodilló en la silla para dirigirse al público.  Su padre miró hacia su madre y notó que se encogió de hombros en su dirección, sus ojos encontrándose en silenciosa comunicación.

Sheri empezó por anunciar a los seis pares de ojos azules y curiosos que la estudiaban que había tomado una decisión muy importante.  Desplegando su lista hecha con crayolas, calmadamente anunció que los niños eran diferentes y que las niñas eran mejores.  Era una declaración tan profunda en su mente que quedó sorprendida por la reacción.  Sus cuatro hermanos rieron.  Su padre y su madre alzaron las cejas al escuchar su declaración y volvieron a intercambiar silenciosas miradas.  Sheri había sido criada en un hogar donde no se aceptaban las groserías.  Sintió una brasa de ira crecer por dentro y frunció el entrecejo con disgusto frente a las carcajadas de sus hermanos.

Su madre notó las nubes de tormenta que crecían en los ojos de la niña y batió sus palmas una vez.  Los cuatro niños callaron instantáneamente.  

—Niños, escuchen a su hermana.  Tiene algo importante que quiere decirles.

Sheri agradeció de nuevo a su madre y miró su lista.  Nuevamente echó una ojeada a su madre antes de continuar, y recibió su asentimiento.  No notó la sonrisa escondida en los labios de su madre ni el rubor algo elevado de la cara de su padre al empezar a listar los factores obvios que habían causado su decisión.

Las niñas eran bonitas.  Los niños no podían serlo.

Las niñas eran honestas. Se sabía que los niños mentían.  

Las niñas eran más limpias.  Los niños nunca se mantenían limpios.

Las niñas adoraban a los animales.  Los niños eran malos con los animales.

Las niñas podían cantar mejor que los niños.

Las niñas podían cocinar mejor que los niños.

Las niñas podían usar maquillaje y perfume y los niños no podían.

Sheri levantó la mirada para ver a todos en su familia mirándola con diferentes expresiones.  Su madre sonreía ampliamente.  Su padre lucía una sonrisa tímida. Sus cuatro hermanos giraban los ojos.  Miró nuevamente a su madre y sonrió un poco.  Su madre movió la cabeza afirmativamente, de acuerdo con ella.  Sheri se relajó un poco.

—¿Por qué piensas que esto es importante, Sheri, querida?  ¾la voz dulce de su madre preguntó a su hija menor.

—Es importante porque ellos —apuntó hacia sus hermanos, quienes sonreían con miradas sarcásticas—,  ...no saben nada acerca de las niñas.

Su madre miró a los cuatro niños sentados a su mesa.  Sonrió ampliamente y después miró a su marido.  Sheri no entendió por qué su papi bajó los ojos a su plato.

—¿No estás de acuerdo conmigo, papi?  ¿Las niñas son mejores que los niños?  —preguntó, con su dulce, aguda e inocente voz y su expresión seria, buscando la aprobación y el consentimiento de sus padres.

Él miró a su pequeña de cabello oscuro y luego a sus hijos, quienes lo miraban con miradas que manifestaban su confianza en este tema.  Su papá arreglaría ese asunto de las niñas. Miró a su esposa con impotencia.  Ella seguía sonriendo de placer, sus ojos tan azules como el cielo de verano.  Cayó en su mirada una vez más.  Sí, pensó internamente y se volvió para responder a su pequeña.  —Las niñas, definitivamente son mejores, cariñito. 

Los niños quedaron boquiabiertos de asombro.  Lo miraron como si le hubieran salido tres cabezas.  Endureció la mirada cuando verbalizaron sus reproches.  Mirando hacia su esposa, se hundió en el amor que encontró mirándolo.  Estiró la mano para tomar la de ella y besó gentilmente su palma.

Sheri sonrió de placer y palmeó sus pequeñas manos repetidamente.  Alzando la lista que había hecho, finalizó su filosofía con el mejor argumento que podía hacer.

—Sé que las niñas son mejores porque soy una niña.

Su padre se inclinó hacia su esposa y murmuró en su oído.  —Tenías que tener una niña ¿verdad?  —Ambos rieron juntos, mirando a su milagro de cuatro años.

**********************************************************

No pasó mucho tiempo antes de que sus hermanos empezaran a pensar como ella. En un año, el hijo mayor, Thomas, empezó a estar de acuerdo con ella. Antes de que pasara mucho, otro estaba de su lado, después el otro. Su mundo empezaba a timbrar con los sonidos de las charlas sobre chicas.

Aunque estaba en sus tiernos y jóvenes años solamente, los muchachos empezaron a preguntarle su opinión sobre las cosas. ¿Qué camisa debo usar? ¿Luzco bien? ¿Te parece que tengo que darle mi Twinkie? ¿Eso le gustará?

Sheri internamente trazó una línea a medida que crecía. Se abstuvo de discutir lo que les gustaría o no a las chicas con sus hermanos, sintiendo que ellos deberían aprender esas cosas por sí mismos. Hasta su décimo cumpleaños pensó que era una causa perdida. Fue el año en que descubrió a su hermano mayor, Thomas, aprendiendo los gustos y disgustos exactos de su cita de promoción de su primer año de liceo, Mitzi Anne Carmichael.

Los encontró familiarizandose el uno con la otra en la casa del árbol del patio trasero. Con sus años de agudeza y experticia en fisgonear, evitó interrumpirlos mientras miraba a sus sujetos de estudio a través de la accesible ventana de la casa del árbol.

Esa fue su primera experiencia visual con el sexo. Ambos estaban desnudos. Era la aventura de lo desconocido. Sheri se sentía emocionada, pero encontró que terminó demasiado rápido. Casi se preguntó si algo andaba mal. Estaban juntos tocándose, y después de golpe, se separaron. Mitzi estaba acostada quieta y Thomas descansaba, con la mitad de su cuerpo encima de ella.

¾Lo siento, Mitzi. No quise…

¾Está bien, Tom. Se sintió bien ¾murmuró suavemente.

Sheri no se quedó mucho más, pues sus sujetos comenzaron a moverse por la casa. Volvió a su cuarto a reflexionar sobre lo que había visto. Se sentía extremadamente orgullosa de sí misma por no reirse del trasero desnudo de su hermano sacudiéndose en el aire. También hizo un voto solemne de no molestar con eso a su hermano en el futuro. De alguna manera, su joven mente sabía que habría más oportunidades en el futuro.

Al crecer, floreció en una joven dama. Su figura cambió de baja a alta y flacucha hasta alta y estatuesca. Competía en altura con los demás de la famila. Dejando la altura de lado, todavía era popular y sociable. La escuela se convirtió en una tarea en la cual sobresalía, pero de la cual escapaba soñando despierta. Tenía mucho en qué pensar. Ver visiones tan estupendas de exhibiciones sexuales era la distracción definitiva. Después de todo, tenía cuatro hermanos mayores de quienes aprender.

Aunque para algunos podría haber sido dañino, Sheri pasaba una enorme cantidad de tiempo estudiando y examinando los diferentes estilos y conversaciones. Su joven mente encontraba fascinante todo el tema del sexo. Desde su hermano Thomas a Danny, Jeffrey y David, prosiguió el conocimiento del acto sexual. La casa del árbol parecía ser el punto preferido para las atrevidas proezas de los hermanos. Ella tenía un plan de investigación muy efectivo y estaba bastante segura de la conclusión final al respecto de su pantalla de TV de la vida. ¡El sexo era bueno y ella también quería probar!

A los catorce años comenzó su ritual femenino mensual. Lo reconoció como una señal. Pronto sería su turno en la casa del árbol. Empezó a buscar un candidato adecuado con quien estar.

Pasó casi todo el año escolar sin encontrar respuesta a su problema. Entonces notó a Peter. Estaba disponible y era lindo. Era listo y agradable. Más que nada, siempre estaba mirándola furtivamente durante la clase de álgebra del sexto período. Ahora tenía un chico, un plan, y por supuesto, la casa del árbol. 

Fue como cortar manteca conseguir que fuera a la casa aérea en el enorme roble. Fue como untar la manteca excitarlo. Sheri utilizó los años de información acumulados en sus sinapsis. Utilizó muchas técnicas de tocar, besar y sonidos. Peter abandonó temporalmente la tierra por un plano celestial en algún lugar por allá arriba.

Lentamente Sheri se dio cuenta de su dilema. No estaba excitada. ¿Cómo se las arreglaban sus hermanos con eso? Ellos siempre parecían excitados. Sheri fracasó en esa tarea. Quería caer en el estado placentero que había visto visitar a sus hermanos una y otra vez. Pensando en cada una de las escenas de las cuales había sido testigo, solo recordaba el tocarse y el besarse de los juegos previos. Comenzó a cuestionarse a sí misma. ¿Por qué no estaba temblando como Jo Ann? ¿Por qué no perdí el control y gemí como Susan? ¿Por qué no estaba brillando de traspiración como Debbie?

De repente, sintió un escalofrío. Mirándose, descubrió que estaba bañada en una fina capa de sudor. Sus pensamientos dieron vueltas en su cabeza cuando se dio cuenta de que estaba extremadamente excitada. Revisó lo que estaba haciendo Peter. No mucho. ¿Qué había causado que su pasión se encendiera?

Sherri dedicó unos preciosos segundos a bloquear a Peter y pensar.

¿Qué era lo que yo estaba haciendo? Pensaba en la piel de Debbie y después mi piel se puso como la de ella. Eso no tenía sentido. ¿A lo mejor eran los gemidos, como los que hacía Susan? ¿No? De repente su mente chocó contra la respuesta. No era una de las reacciones de las chicas, eran todas las tendencias de las chicas. ¡Las chicas!

Los pensamientos de las muchachas gimiendo, temblando y sudando de deseo encendieron la llama de la pasión en Sheri. Casi perdió el sentido de la excitación. De golpe recordó los pezones endurecidos de Patricia, los susurros excitados que hacía Susan, los duros jadeos de placer mientras los cuerpos se movían juntos.

Sheri se deleitó con el fuego en su cuerpo y regresó para colocar a Peter sobre su espalda. Se elevó sobre él y se imaginó el hinchado sexo de las chicas mientras lo frotaban. Cómo se arqueaba la espalda de Jo Ann cuando una lengua tocaba sus labios mayores. Los desesperados gritos de una mujer lasciva sonaron en sus oídos. No escuchó más a Peter. Escuchó a Susan, a Patricia y a Debbie gimiendo en sus oídos mientras perdía la virginidad en un frenesí de excitación consagratoria. Explotó por dentro y sintió que el mundo temblaba en sus cimientos.

Debió haber dicho adiós y regresado a su dormintorio, aunque no lo recordaba. Debió haber dormido toda la noche y haberse levantado con el  despertador para vestirse para ir a la escuela. Debió haber viajado con sus hermanos y debían haberla dejado en el liceo.  Pero en realidad, no recordó nada hasta que su compañera Sandy levantó la mano en clase para contestar una pregunta. Sheri se dio cuenta de que Sandy no estaba usando sostén.

Después de diez largos años, se reclinó hacia atrás en su silla y volvió a darse cuenta de los hechos. ¡Las chicas eran mucho, mucho mejor que los chicos!

CAPITULO 2

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